
La Terapia Cognitiva es un ámbito heterogéneo que se halla en proceso de expansión y diferenciación. Se pueden distinguir más de 20 enfoques. Quien acuñó el término fue Aarón Beck en 1976.
El enfoque cognitivo sostiene que existe una fuerte relación entre teoría, investigación y práctica.
El modelo cognitivo entiende que la habilidad de una persona para procesar información y formar representaciones mentales de uno mismo y el medio en que se inserta son cruciales a la hora de sobrevivir y tener una adecuada calidad de vida.
El planteo teórico sostiene que los procesos cognitivos y su relación con lo emocional son mediadores en la perpetuación de la patología. Por tal razón todo cambio en el sistema cognitivo se trasuntará en sucesivos cambios sintomáticos y conductuales.
La terapia cognitiva surge como una aproximación caracterizada por sesiones estructuradas, con límite de tiempo, enfocada a la resolución de problemas y orientada a metas. Con el tiempo aparecen otros aportes que enfatizan la necesidad en muchos casos, de extender los tratamientos, dadas ciertas patologías o necesidades particulares, poniendo el acento en lo especifico y diferente de cada paciente en el marco de una relación terapéutica jerarquizada.
Para lograr los cambios deseados la terapia cognitiva plantea la importancia de: objetivos acordados, estrategia y técnicas para alcanzarlos. Terapeuta y paciente participan activamente como equipo de trabajo pero con roles distintos. Es habitual que el paciente tenga “tareas” entre una sesión y otra, como parte del marco del trabajo psicoterapéutico.
Los pacientes al participar activamente en estos procesos desarrollan herramientas que permiten una reestructuración cognitiva duradera y estable que se traduce en una ampliación de las respuestas emocionales, conductuales y cognitivas frente a distintas situaciones.